sábado, 19 de diciembre de 2015

La conspiración de los mediocres - Ernesto Mallo

LA CONSPIRACIÓN DE LOS MEDIOCRES
De Ernesto Mallo
Ediciones Siruela, 2015.
168 páginas

El Perro Lascano es un subcomisario de la Policía Federal de Buenos Aires (la Federica) algo particular. Resuelve casos, o lo intenta, durante los años difíciles de la última dictadura argentina autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983). Sus jefes son tipos corrompidos por el poder, cómplices si no agentes directos de la represión, piezas del entramado negro de una época de plomo que buscan una y otra vez apartar al subcomisario, ningunearlo, incluso eliminarlo, porque Lascano es quizás uno de los pocos restos de dignidad y de honestidad profesional que perviven en el seno de la organización policial y un espejo incómodo al que los mandos no desean asomarse.

En la última novela de su creador, Ernesto Mallo (La Plata, Argentina, 1948), titulada “La conspiración de los mediocres” el Perro Lascano debe enfrentarse al sospechoso suicidio de un ex nazi residente en Buenos Aires e intentar evitar que la cúpula policial que alienta e integra la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) lo involucre de algún modo en hechos criminales y lo elimine a él mismo.

Pero a lo que se enfrenta de verdad Lascano es a la recuperación del amor. El subcomisario encuentra en Marisa sensaciones, caminos interiores, desarraigos e incertidumbres encaminadas a volver a encauzarse, a través de los sentimientos y la pasión, en viejas e intrincadas apuestas por la vida, acaso ya olvidadas.

Marisa es una traductora que lo pone en el rumbo correcto para desentrañar un misterio y un crimen. El misterio de la falsificación de la lanza que el centurión romano Longinos utilizó para rematar a Jesucristo en la cruz, y que se encontraba en posesión de Hitler por el supuesto poder que éste le atribuía, y el crimen cometido contra el alemán refugiado en Argentina involucrado en el caso. Ambos, Marisa y Lascano, se desgastarán en el peligroso trazado que lleva desde la superficie de honestidad donde los dos intentan respirar en medio de la podredumbre política circundante, hasta la desesperanza.

Ernesto Mallo consigue crear unos ambientes angustiosos donde la persecución y la represión política lo invaden todo, donde la dirigencia de la Argentina está constituida por una manga de indeseables que saltan sobre las vidas de los ciudadanos como puntales en los que asentar su poder clavando a la sociedad en el fango de sus ambiciones.

El autor de las novelas precedentes del subcomisario Lascano como “Crimen en el barrio del Once”, “Los hombres te han hecho mal” y “El policía descalzo de la plaza San Martín”, nos lleva en “La conspiración de los mediocres” a hechos anteriores a aquellos en los que transcurren las ya citadas, justo en el momento previo al golpe de estado de los militares encabezados por el general Jorge Rafael Videla en 1976. En esta precuela de las andanzas del Perro Lascano, la policía anda menos interesada en resolver casos que en asesinar izquierdistas por mandato del ministro de Bienestar Social José López Rega, apodado El Brujo por su apego a lo paranormal y al poder del más allá. López Rega, como un nuevo Rasputín del siglo XX, ejerce una dominación extraña sobre la propia presidenta de la nación, María Estela Martínez, llamada Isabelita, viuda y sucesora del general Juan Domingo Perón, y apegada a las prácticas espiritistas del ministro.

En el seno de una situación política insostenible caracterizada por la espiral de violencia generada por la presión violenta sobre el pueblo de las derechas dominantes y la correspondiente contestación también violenta de las izquierdas revolucionarias, cualquier investigación policial que se precie es una quimera, y el subcomisario Lascano, náufrago de una época y de un sistema imposibles, se agarra a su trabajo y a un modo de llevarlo a cabo con los últimos resquicios que le quedan como resultado de una profesionalidad olvidada, olvidada por lo poco común en esos tiempos.

Al lado de la inteligente, valiosa Marisa, cuya personalidad atrayente consigue Mallo hacérnosla insustituible e imprescindible página tras página, el policía mantiene una estrecha complicidad profesional y personal con el médico forense Fuseli, otro vestigio, como él, de una forma de actuar entre la decencia y el desengaño, entre la melancolía provocada por la impotencia frente al poder y un cierto modo de ostracismo y autoexilio interiores que hace de ellos como arrecifes, duros pero inermes, a merced de los acontecimientos.

Si a todo ello sumamos, como queda dicho, la recuperación del mito de la lanza de Longinos que ya fuera frecuente en el Ciclo Artúrico medieval de las novelas de caballerías, tenemos en “La conspiración de los mediocres” un texto para ser disfrutado con pasión, que se desliza ante nuestros ojos a gran velocidad y que nos mantiene en una mezcla de angustia, desazón y placer literarios desde el principio hasta el final.

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