martes, 10 de julio de 2012


CUESTIÓN DE GALONES – RICARDO BOSQUE

CUESTIÓN DE GALONES.
AUTOR: Ricardo Bosque.
EDITORIAL: Disponible sólo en versión digital. En Amazon.
Reseña realizada por Alberto Díaz-Villaseñor.

            “Cuestión de galones”, de Ricardo Bosque, es un buen ejemplo de cómo una trama policíaca no tiene por qué beber siempre de la sordidez y el escenario tópico que suelen ser recurrentes en el género. “Cuestión de galones” es un inteligentísimo texto cuya trama se desarrolla en una Zaragoza moderna y futurista, donde medran unos personajes de beautiful people absolutamente alejados en fondo y forma de lo que muchos creen que deben ser quienes nadan en este tipo de historias. No hay Santos Trinidad de aspecto grunge, ni polis amargados o fracasados con vidas personales insostenibles y autodestructivas, antes al contrario, los protagonistas se adivinan guapos, ricos (menos los policía, claro) y jóvenes (con alguna excepción).
            El capitán Ulises Sopena y la subteniente Sara Kirkpatrick deben resolver en siete días la fea muerte, ahogado, del exitoso portero titular del club de waterpolo Zarawater. Con este arranque, Ricardo Bosque nos sumerge, y nunca mejor dicho, en una ciudad de Zaragoza atravesada por canales –año 33 después de la Expo, 2041 del calendario oficial- como resultado de la delirante ensoñación urbanística del que fue su alcalde Alberto Belloch. La acción transcurre entre motos de agua, trajes de neopreno, parques inundados y urbanizaciones de palafitos, lo que le permite al autor, en boca del protagonista, comentar con ironía y mucha gracia la gestión municipal que ha convertido a Zaragoza en una nueva Venecia, la versión monegrina de Brujas o el trasunto aragonés de Ámsterdam o Estocolmo hasta hacerla aparecer definitivamente no sólo en los mapas sino incluso en las cartas de navegación de Europa.


            Porque, en efecto, “Cuestión de galones” supone un derroche de buen humor y de una mirada irónica hacia la realidad circundante. Si los habituales protagonistas de novela negra son de por sí cáusticos y sarcásticos, aquí el capitán Sopena es además burlón, socarrón e ingenioso, lo que dota al argumento con un plus que nos hace tomarla una y otra vez con gusto. Ulises Sopena es más simpático, condenada y disculpablemente machista que el comisario Montalbano, de Camilleri, y quizás más descreído y escéptico,en el fondo que el teniente Kostas Jaritos, de Petros Márkaris; de compararlo con alguien, a él y a sus subordinados, nos agrada encontrar un carácter patrio compartido con el Benegas del cordobés Francisco José Jurado.
            En cuanto a la trama, Ricardo Bosque va desliando las diversas puntas de una madeja aparentemente enrevesada en la que se mezclan el sexo duro, el dopaje en el deporte de alto nivel y hasta las consabidas servidumbres de la investigación y el periodismo ante el poder económico y político. Impagables son las descripciones al margen de la historia, las reflexiones de Ulises Sopena, sus conversaciones y las delirantes situaciones con su perro Nono, en definitiva, todos aquellos elementos que traban el andamiaje de una trama muy bien montada y que, hasta el final, nos tiene absolutamente despistados. Ricardo Bosque aprovecha, además, para, valiéndose del clásico recurso de ubicar la acción en una época imposible, criticar a su gusto, pero amablemente, lo cual es sin duda más efectivo, la realidad sociopolítica que nos envuelve sin dejar cadáveres a su paso.
            En resumen, “Cuestión de galones” es un relato muy bien contado, tremendamente atractivo, adictivo, y que, por si fuera poco, resulta muy asequible por estar editada en la librería electrónica de Amazon.

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