jueves, 15 de julio de 2010

Fantasmas en la niebla (de Diego Martínez Torrón)



Publica en Algaida Poesía Diego Martínez Torrón su último poemario, y decir último alude no sólo a la pertinente temporalidad editorial sino a la intención confesa del autor de que “Fantasmas en la niebla” sea, en efecto, su última producción poética. Marcado por la tragedia del trágico y súbito fallecimiento de su esposa, “Fantasmas en la niebla” es algo más y mucho más que una jaculatoria fúnebre, es un compendio sorprendente y magnífico –en sentido etimológico- de conceptos y definiciones, de declaración de intenciones y posicionamientos. Un posicionamiento, una toma de postura, valientes, política y poéticamente incorrectos, sobre el amor y la muerte, sobre la cultura y el arte, sobre la universidad, y sobre la poesía misma y la literatura.
“Fantasmas en la niebla” es ante todo un auténtico trompe l’oeil en el cual la engañosa proporción de la sencillez formal, en algunas ocasiones, se contrapone a la carga conceptual, en todo momento profunda, que surca cada página.
Arranca Martínez Torrón con unos versos a modo de haikus de imperfecta morfología pero de impecable intención para abundar después en una multiplicidad armónica de ritmos y métricas que incluyen igualmente la reflexión en prosa poética. Los textos aparecen todos datados entre julio y agosto de 2007, escritos con ocasión de cierto feliz viaje familiar a la costa sur de Inglaterra, excepto el titulado “Teoría de la Literatura”, fechado en diciembre de 2008. En el tono general, muchas veces de sensible sencillez, uno llega a toparse con algunos de los más hermosos decires de amor que haya leído últimamente (Mi sien/ sobre tu sien./ Y entonces/ siento/ latir/ el universo.)
Cuenta la obra con tres prólogos muy acertados: en un primer momento, una interesante poética de Shelley, a continuación varias estrofas de Antonio Machado y, finalmente, un comentario de Gustavo Martín Garzo que abunda en la lucidez y sencillez de los versos y en su serena belleza. Para Shelley, nos recuerda Martínez Torrón, “el poeta participa de lo eterno, lo infinito y lo uno” y la poesía “es a la vez centro y circunferencia del conocimiento, raíz y flor de transformación de cualquier otro sistema de pensamiento”. Y Machado nos dice que “todo poeta supone una metafísica (…) y el poeta tiene el deber de exponerla (…) en conceptos claros.”
Nos entrega Diego Martínez Torrón un libro extremadamente sincero como lo denota un afán casi obsesivo, apasionado, de definir las cosas, las ideas, los conceptos, las teorías: desde los temas ya citados hasta un acertadísimo análisis de la Música, a la que llega a dedicar seis poemas de una profundidad y compromiso inusitados.
Todo lo dicho nos conduce a contemplar con perplejidad un poemario, como es “Fantasmas en la niebla”, que creíamos enfocado únicamente al universal tema del amor por el amor y al desgarro que produce la muerte de la persona amada. Por eso, otra vez el trompe l’oeil, el trampantojo de una perspectiva errónea, nos hace darnos de bruces con el impúdico y desenvuelto desnudo de un poeta que nos exhibe la pasión por sus convicciones más íntimas y nos expone, a veces con cierta radicalidad fruto de la sinceridad sin ambages, ante la franqueza descarnada de su pensamiento.
Por último, y no podía ser de otra forma, “Fantasmas en la niebla” es por su puesto una declaración de amor, o varias declaraciones de amor: al amor malogrado en plena madurez y felicidad, al Romanticismo y al Romanticismo inglés, a la lengua inglesa y la Albión civilizada y civilizadora, y a la cultura como redención del ser humano.

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